Los cambios de hábitos de vida son la herramienta más efectiva, aunque no siempre la más utilizada, para abordar la prevención y tratamiento de muchas condiciones de salud.

En el escenario de la actual pandemia por coronavirus, ciertas normas y restricciones nos han venido impuestas de imprevisto sin apenas preparación. Sin embargo, la población ha respondido favorablemente y ha demostrado que con esfuerzo es posible introducir modificaciones de conducta en los patrones de alimentación, actividad física, descanso o trabajo, entre otros.

La restauración progresiva de las condiciones en el tránsito a una “nueva normalidad” puede contemplarse como una oportunidad para dirigir nuestros hábitos de vida en la dirección adecuada. Por un lado, nos permite una mejor preparación para mantener nuestra salud y por otro, nos ayuda a prevenir que una eventual infección nos coja en situación de vulnerabilidad.

Aplanar la curva de contagios es darnos una tregua para reducir el sobrepeso/obesidad, reanudar medicación que habíamos abandonado o dejar de fumar y estar en las mejores condiciones para evitar una complicación en caso de contagio.

El movimiento es la mejor vacuna

Sin duda, el mejor antídoto para combatir las condiciones que imponen mayor vulnerabilidad frente al coronavirus (hipertensión, diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias) es mantenerse activo, es decir, moverse.

La actividad física, ejercicio o deporte constituyen la mejor forma de promoción de la salud, pero también son una forma de prevenir esas condiciones o reducir su impacto. Existen muchos determinantes que condicionan el inicio o reanudación de la actividad física y clasificarían la población en múltiples categorías. De forma sencilla (aunque también algo sesgada), podríamos considerar tres grandes grupos.

Cada uno de ellos presenta diferentes condiciones de salud y forma física, así como de capacidades y objetivos a la hora de «poner al cuerpo en movimiento». Mientras unos irán encaminados a una actividad rehabilitadora (personas con enfermedades crónicas, que han padecido COVID-19), otros buscarán mantenerse activos o cumplir marcas para competición (deporte federado, amateur/recreacional o profesional). Aquí dejamos una estructura general para que inicies tu carrera de forma sensata (preparados, listos, ya).

Recuerda que el ya implica una reevaluación continua de cada punto, cada vez que te calces las zapatillas, te pongas el casco, o desenrolles la esterilla de pilates. Es un proceso continuo que te permitirá ir avanzando en tus logros.

Pasos para activar nuestro cuerpo y acostumbrarlo al ejercicio físico.

Comprobar periódicamente los resultados e impacto sobre la salud son un buen aliciente para persistir en el hábito. Puede llevarse un registro de cifras (tensión, peso, azúcar, tiempos), incluso compartirlas con entrenador/terapeuta gracias a diversas aplicaciones móviles.

El éxito de un plan de entrenamiento depende de su cumplimiento. Una vez incluido el “movimiento” en nuestro estilo de vida, seremos capaces de mejorar el control de múltiples variables de salud, reducir la exposición a complicaciones y gozar de una situación de bienestar físico, psíquico y emocional.

Muchos podrían reducir e incluso eliminar factores de riesgo que complican la infección por el COVID-19.

Fuente

topdoctors.es