Durante la transición de la infancia a la fase adulta, el cuerpo humano registra importantes cambios físicos, fisiológicos y psicológicos, fruto de su adaptación a esta nueva etapa de la vida. Una de las principales evoluciones es la que se produce en la estructura ósea, de ahí que los lácteos sean uno de los pilares básicos de la alimentación. En la fase adolescente se necesita diariamente más del doble de calcio necesario en los primeros años de vida. Estos aportan gran cantidad de nutrientes esenciales y muy necesarios para este periodo tan crucial.

Son diversos los motivos por los que la leche y sus derivados son unos aliados imprescindibles de la adolescencia. Por un lado, tienen un alto contenido en calcio, y por otro, la presencia de nutrientes que favorecen la absorción de ese calcio. La falta de este entre personas jóvenes es responsable de la pérdida de un 5 a un 10 por ciento de la masa ósea máxima y un mayor riesgo de fracturas a edades avanzadas. “Elementos característicos como la lactosa, hacen que el calcio de la leche sea considerado como de alta biodisponibilidad, por lo que su consumo está recomendado como una de las vías más eficaces para satisfacer plenamente las necesidades del organismo de los adolescentes”, señala Rosaura Leis, coordinadora de la Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela.

Recomendaciones pediátricas

En esta franja de edad hay que consolidar una ingesta adecuada. Esta ronda las cuatro raciones diarias de leche y productos lácteos. “Es necesario tomar al menos entre 200/250 ml de leche; un par de yogures; y entre 30/50 gr de queso, lo único que si es curado, tiene que ser en menor cantidad”, explica Leis.

En estos momentos donde el sobrepeso y la obesidad, sobre todo en edad pediátrica es una pandemia, el control del tamaño de las raciones es muy importante. “No sólo estamos aumentando la ingesta de alimentos energéticos, sino que hemos aumentado el tamaño de las raciones de todos los grupos alimenticios, especialmente de los precocinados, los industriales y los ricos en azúcar”, incide Leis.

Otra de las causas fundamentales que conlleva esa obesidad, es la falta de actividad física y el aumento de la inactividad por parte de los niños y los adolescentes. “Son dos variables diferentes, porque por un lado disminuimos el deporte y por otro aumentamos el ocio pasivo o el ligado a las pantallas. De esta manera, tenemos un gasto menor de energía y supone un aumento de la ingesta de aquellos productos que aparecen en televisión”, incide la especialista.

Por tanto, la actividad física y el seguir una dieta variada y equilibrada, que incluya las cantidades adecuadas de minerales como el magnesio, fósforo y zinc, y vitaminas, como la vitamina D, son también muy importantes para mantener unos huesos sanos. “Tenemos que recomendar y promover estilos de vida saludable en los que se incluyen una buena alimentación y una disminución de ese ocio pasivo”, concluye Leis.

Fuente: cuidateplus.com