Actualmente podemos denominar nuestra sociedad como “Homo obesus”. Hace 10.000 años el paso de la caza nómada al sedentarismo empobreció la dieta con grasas saturadas del ganado. Esto hizo disminuir la altura y aumentar el raquitismo, la osteoporosis y las caries, e inició la obesidad, al modificar los genes de los cazadores.

La Dra. García Closas, especialista en Nutrición y Dietética, explica que actualmente hay familias haciendo deporte y otras, por desgracia de menor renta, ingiriendo comida insana, que es más barata. La globalización ha degradado la dieta mediterránea hasta la obesidad que padecemos, empezando por las personas con rentas más bajas.

Sucumbir a las tentaciones alimenticias dispara la glucosa en sangre

Hay tentaciones en cada esquina, prácticamente. Muchas de ellas son empaquetadas pero crujientes, gracias a la grasa trans que acompaña los alimentos insanos, aunque son gratificantes por su altísimo IG (índice glucémico o glucosa en sangre). Son alimentos que sacian enseguida porque lo disparan pero que, tras dos horas, lo dejan incluso más bajo que antes, y hacen que queramos más.

¿Una caloría no es meramente una caloría? Importancia del qué comemos

Es más importante qué comemos que cuánto comemos. Cualquier harina blanca (desde una barra de pan blanco hasta la bollería o la pastelería), las patatas, la pasta (peor cuando está muy cocida), las bebidas embotelladas azucaradas, las chucherías… causan obesidad, por su alto IG. De hecho, el pan blanco tiene un IG más alto que el azúcar, aunque parezca sorprendente.

Evitar el pan blanco y optar por cereales, frutas y verduras

Por eso el pan blanco está tan bueno. Si se sustituye por pan negro de grano entero (no medio integral), será menos gratificante de entrada, pero no engordará. Por otra parte, es conveniente tomar el milagroso yogur con probióticos para la flora intestinal, frutos secos, fruta, cereales y verduras como espárragos, dalias, puerros, achicoria…

Las grasas también influyen en la mala dieta y en que engordemos

¿Son todas las grasas igual de malas? Es más importante el tipo de grasa que la cantidad. La mejor grasa es la del pescado azul, la que contiene el aceite de oliva o los frutos secos. La peor, la grasa trans o hidrogenada, es decir, la que convierte las patatas, galletas, aperitivos y snacks empaquetados en crujientes y apetitosos.

Los alimentos trans, los más baratos y los más insanos

La industria alimenticia ha conseguido abaratar los alimentos insanos empaquetados y en conserva y, en cambio, los alimentos frescos son cada vez más caros y están menos disponibles. Suele decirse actualmente que “estar gordo es de pobre”. Las clases menos favorecidas tienen más frustraciones y menos información, siendo las primeras víctimas de las grandes tasas de obesidad actuales.

Comer de todo y no engordar, cosa de genética en solo un 10% de la población

Solamente el 10% de la población tiene una genética que le permite comer de todo y no engordar, según el estudio de Willet et. al, en Harvard, que fue realizado en 120.000 personas durante 20 años. El resto de personas si no tienen cuidado, engordan.

Quehaceres de nuestros antepasados vs deporte actual: antes se quemaban más calorías

Ahora se hace más deporte, aparentemente, pero también menos deporte que pasa inadvertido, y que nuestros antepasados hacían más. Nuestras abuelas gastaban el doble de calorías haciendo la cama que nosotros actualmente, ayudados por los cómodos edredones y electrodomésticos.

Además, los niños de hoy en día están frente a las pantallas día y noche, nada que ver con la infancia de correteos por las calles.

Por otra parte, antiguamente predominaban los alimentos frescos en la mesa, y se gozaba del equilibrio de paseos y charlas en la calle. La obesidad no es solamente una cuestión de alimentación: es un fallo del equilibrio dieta-ejercicio-relajación.

Sin goce, hay más engorde: importancia de comer despacio

La conciencia de vivir el momento ayuda. Es importante oler, saborear y compartir el rito de la comida. De esta forma ayuda a que transcurran sin ansiedad los 15 minutos que el cerebro necesita para recibir la señal de saciedad. Si conversamos de manera relajada mientras llega esa señal, no engullimos como posesos. Y, cuando llega la señal, no habremos comido el doble. Es una evidencia: si comemos sin ansiedad comemos menos. La relajación ayuda a no engordar, igual que las 8 horas de sueño.

¿Si se come menos se vive más? ¿Qué alimentos hay que ingerir para que actúen como medicina?

La obesidad provoca inflamación (relacionada con el envejecimiento) y acelera la oxidación celular, ya que la grasa segrega moléculas proinflamatorias. Es mejor comer más de lo bueno y menos de lo malo.

Para frenar esa oxidación y que haya una desinflamación se pueden tomar alimentos de la dieta Smart prescritos con Willet. Algunos son alimentos típicos de la dieta mediterránea que alabamos pero que solemos olvidar, tales como el vino tinto, los frutos secos (cuidado que son muy sanos pero también calóricos), aceite de oliva o pescados. También de otras dietas, como el cacao, los frutos rojos o el té verde.

¿Hay grasas peores que otras si se acumulan en el cuerpo?

La grasa subcutánea en caderas, glúteos y muslos que aparece, sobre todo, en mujeres postmenopáusicas, se denomina obesidad ginoide o periférica y no es peligrosa. En cambio, la grada del abdomen androide o central sí es perjudicial y puede propiciar cardiopatías.

Fuente: topdoctors.es