El codo de tenista o epicondilitis consiste en una degeneración de la musculatura extensora-supinadora del antebrazo. Dichos tendones se insertan en el epicóndilo lateral, donde aparece el dolor.

Esta clase de lesión es muy habitual, ya que la sufren tanto deportistas aficionados con sobrecargas en el codo (por ejemplo, jugando al tenis o al pádel), como personas sin gran actividad física. También es recurrente que aparezca en oficios manuales, puesto que se ejecutan muchas tareas con gestos repetidos de prono-supinación, causando la lesión.

La epicondilitis es una lesión habitual en los jugadores de tenis.

¿Qué síntomas podemos identificar?

En líneas generales, los pacientes padecen dolor en la región lateral del codo, que incrementa cuando realizan fuerza con la muñeca contra resistencia, al extender muñeca y dedos y en posición de supinación.

El dolor aparece en actividades forzadas continuadas, como puede ser cargar pesos, o a la hora de realizar ejercicios de transmisión de carga momentánea a través de la articulación (tenis, padel, etc.).

El dolor aparece en la región lateral del codo.

¿Cuál es la causa?

La epicondilitis debería llamarse epicondilosis, debido a que -itis significa inflamación, mientras que -osis proviene de los cambios degenerativos.

La dolencia es causada por una lesión tendinosa que no se termina de curar y se cronifica. Por este motivo está vinculado con la edad, ya que las lesiones cronificadas no suelen verse en personas menores de 30 años.

Diagnosticar el codo del tenista

Normalmente es suficiente con una exploración clínica, siempre por parte de un especialista de mano y codo. En algunos casos, puede ser necesario pedir pruebas complementarias (radiografía o ecografía), para valorar si hay alguna rotura tendinosa asociada que deba tratarse.

En aquellos pacientes donde el diagnostico no sea claro, habrá que realizar una evaluación diferencial con otras posibles causas del dolor, como la neuropatía de nervio interóseo posterior, tendinopatías en otros músculos o artrosis de codo, entre otros.

¿Cómo se trata la epicondilitis?

En una fase inicial el tratamiento será conservador, a través de antinflamatorios, ortesis específicas y tratamiento rehabilitador. Este tratamiento tendrá por objetivo reducir el dolor, la inflamación (si la hay) y reeducar los grupos musculares.

Cuando el tratamiento conservador fracasa, sobre todo en casos ya de larga evolución recurrimos a los siguientes escalones del tratamiento, las infiltraciones y la cirugía, intentando siempre ir de tratamientos menos a más invasivos.

Las infiltraciones pueden ser de diferentes productos. Consiste en introducir el producto con una aguja fina en la zona dañada. Los más habituales son los corticoides asociados a un anestésico local, el ácido hialurónico y los factores de crecimiento plaquetario o células madre. Existen múltiples estudios con resultados variables, por lo nunca se puede garantizar que la infiltración va a resolver el problema, pero lo cierto es que muchos pacientes mejoran con las infiltraciones y si es así no es necesario ir a tratamientos más agresivos.

Muchos pacientes consiguen mejorar mediante infiltraciones.

La cirugía, en nuestra opinión es la última de las opciones al ser la más agresiva y por ello debe reservarse como último escalón del tratamiento. En el caso de ser necesaria tampoco debe preocupar mucho al paciente la envergadura de la intervención porque habitualmente se realiza de forma ambulatoria (el paciente no precisa ingreso y se va al rato a su casa) y puede hacerse con distintas técnicas, pero todas ellas mínimamente invasivas y con plazos de recuperación pequeños. Puede realizarse de forma abierta o artroscópica, ambos procedimientos obtienen buenos resultados similares y la elección de uno u otro depende de la individualización de cada caso.

Fuente

topdoctors.es